domingo, 19 de octubre de 2014

Hay indicios


Hay indicios que negamos a reconocer. Son signos pequeños que percibimos aunque no queramos prestarles atención. No nos conviene o no nos interesa fijarnos. Activamos un mecanismo de defensa que nos ayude a sobrevivir. Consiste en actuar obviando una parte de la realidad. Nos quedamos con la cara amable de las cosas. Cuando las historias se complican, hurgar excesivamente no es demasiado tranquilizador.
-Mari Pau Janer-

Es curioso

Es curioso como te equivocas en la vida, y aún es más curioso, como cuando te das cuenta de que te has equivocado, te preguntas: pero bueno, ¿cómo pude dejarme engañar con esto, con lo claro que estaba?.

A toro pasado, resulta tan evidente que te sientes imbécil. Pero siempre uno quiere hacerse ilusiones. Y lo que más nos cuesta es escarmentar.

-Lorenzo Silva-

Hay ocasiones



Hay ocasiones en que dejamos pasar una chispa de felicidad, un momento placentero, que se nos escapa porque no sabemos identificarlo. Más tarde, cuando ya estamos lejos, somos capaces de reconocerlo. Y lo echamos de menos.
-Mari Pau Janer-

jueves, 9 de octubre de 2014

Alivio

Sentada frente a la ventana, tomó una hoja de papel y comenzó a escribir :
Estoy cansada y tengo miedo. Estoy cansada y tengo mucho miedo.
¡Estoy tan cansada de tener tanto miedo!
Quiero escapar y no sé como, quiero escapar y no sé dónde.
Me encontrará, lo sé. Dondequiera que vaya, me encontrará. Ya no soporto más. Soporté demasiado y ya no tengo fuerzas.
Ya no tengo voz para gritar en silencio, ni lágrimas para llorar cuando nadie me ve.
No tengo cuerpo que resista un golpe más, ni piel que anide otra marca. Tengo miedo, siempre lo tuve. Quiero irme, dónde sea, con quién sea o sola, pero lejos de él.
Sus manos me dan miedo, pero sus ojos me dan terror. ¡Vaya que curioso! Sus ojos no me golpean, pero esa mirada...
Esa mirada es la antesala del horror. Cuando me mira de esa manera...Sé lo que sigue luego.
Un golpe, dos, tres ...¿Qué importa cuántos son luego del primero? Me mira y el horror me deja tiesa, no puedo defenderme, no sé cómo. Me mira y me hago más y más pequeña, tan pequeña que me deshago en su furia.
Debo irme, es la única solución. Debo alejarme. Tengo que pensar a dónde ir. De todos modos, creo que no hay lugar donde no pueda encontrarme.
Fantaseo con comprar un pasaje a algún lugar muy lejano, un lugar que no exista para que él no pueda llegar, para que no lleguen sus manos, ni tampoco su mirada me alcance. Sé que no es fácil. Fantaseo con muchas cosas.
Cuando se está preso de algo, la fantasía es la única llave que abre la puerta de la libertad. Estoy cansada de disfrazar los golpes, de fingir una realidad que no es tal.
Estoy cansada de quedarme en casa aduciendo una gripe, cuando en realidad sólo espero a que los moratones se vayan de mi cuerpo. Tardan, pero se alejan, en cambio el dolor continúa, ya que es parte de mí, lo respiro, corre por mis venas con más vitalidad que la misma sangre.
¡Quiero un alivio! Ya no resisto más.
Dejó el bolígrafo, dejó el papel, tomó el arma y disparó. Ya está.
La sensación es tal como en mi fantasía. Me veo allí, tirada en el piso. Esta vez la marca de la herida no podrá disimularse y no se alejará como los moratones.
Ya no tendré que fingir. Soy libre. Sus manos no me tocarán más y su mirada queda allí abajo, ya no me alcanza, ya no lo temo.
Miro hacia abajo y veo tendida en el piso a la mujer que fui. No me preocupa, no la extrañaré. Hay vidas que no son vidas y no vale la pena vivirlas entonces.
¿Hay sido está una buena decisión? No lo sé, de lo que estoy segura es que recién en este momento, siento lo que tanto necesitaba: alivio.
-Liana Castello-







miércoles, 3 de septiembre de 2014

Corazón


Quizá nuestra vida no habría llegado a estos niveles de degradación.
Quizá mis hijos serían felices.
Quizá hoy estaríamos, él y yo tranquilos, contando estrellas, o caminando cogidos de la mano viendo la vida pasar, o leyendo un libro en silencio mientras nuestros hijos se van haciendo adultos. Sintiéndose todos seguros de pertenecer a una familia donde el amor, el respeto y la cordura son los verdaderos valores que cuentan.
Quizá...
Pero ¿de qué sirve ahora lamentarse de aquello que no pasó? El mundo está lleno de hubieras, quimeras y quejas. Frustraciones amontonadas y oxidadas; millares de esqueletos sin enterrar, que sólo sirven para acusar en silencio y dar pena.
Un monumento a los que fracasaron sin intentarlo, salvo alguna triste o melodramática novela que leerán los últimos románticos trasnochados, o alguna obra de teatro para ser interpretada en un local de mala muerte, a precio de saldo, delante de cuatro ilusos desprogramados.
¡Vaya gracia!
Después de pegarte el batacazo, cuando la piel del alma y del cuerpo se te han marchitado y ya has dejado de creer en la vida, va y te llega la lucidez. Te llega cuando los acontecimientos han cambiado. Hoy no es ayer. Aquel ímpetu de creer que te comerías el mundo ha ido languideciendo. No tienes la edad que tenías cuando sentías lo que sentías, ni el corazón limpio e ingenuo. Ha entrado la razón, como okupa, a adueñarse de todo, hasta de tu conciencia.
-Ángela Becerra-


jueves, 24 de julio de 2014

Por todo esto

Según me ha mostrado mi propia experiencia, y algunas ajenas que he tenido ocasión de conocer con cierta profundidad gracias a mi trabajo, la vida tiene una deplorable felicidad para convertirse en algo feo e insatisfactorio. Lo peor del asunto es que, cuando le da
por ahí, uno no sabe hasta donde pude llegar, porque otra de las cosas que tiene la vida, es que no reconoce los límites que uno quisiera imponerle para conjurar la angustia y el terror. A partir de esta constatación, varía mucho la actitud que toma cada cual. Hay gente que se sume en la tristeza, y gente que busca consuelo en alegrías artificiales, entre el surtido de ellas que nuestro moderno sistema de distribución y suministro de mercancías expende a quien pueda pagarlas. Hay quien decide enfrentarse a la existencia con una visión pesimista, pero también quien de forma inopinada se convierte al más férreo optimismo.
La cosa empezó a cambiar cuando me puse a convivir de forma efectiva con el desastre, y terminó de invertirse cuando la muerte se convirtió en mi compañía y mi ocupación cotidiana. Desde entonces soy un optimista contumaz. Ver truncarse las vidas, con todo lo que la vida llega a contener, y verlas truncarse por motivos absurdos o irrisorios, y de forma a veces atroces y desdichadas, despierta en uno una inevitable desconfianza hacia los semejantes, pero también una necesidad incontrolable de proteger y alimentar a cada segundo la ilusión de vivir. Aunque sea estúpida, y frágil, y aunque los días y las noches te ofrezcan tantas razones para perderla.
-Lorenzo Silva-


domingo, 6 de julio de 2014

Descubrir

Habría querido cogerlas al vuelo y no dejarlas escapar. Hay mentiras pequeñas que cuesta adivinar. Hay otras que se perciben nada más ser pronunciadas. Son contundentes, precisas; no admiten ni el consuelo de la duda. Hay interrogantes que nos ayudan a sobrevivir; porque son menos duros que la verdad.
Las reacciones del amor son complejas, sirven para definirnos. Describen cómo somos, cuál es nuestra capacidad de movimiento. Dana se sorprendía de si misma. Nunca habría creído que sería capaz de protagonizar hechos insólitos, de experimentar reacciones ilógicas, de actuar con incoherencia. Tenía la impresión de que deliraba.
Se había convertido en una criatura imprevisible, que actuaba a partir de impulsos concretos. ¿Dónde estaban la razón y sus designios? Se había f
undido, inesperadamente, en el aire.
-Maria  de la Pau Janer-